11.11.2014
Lorelei
Like a snake she moved and when the sun was set she came out of the river, sat over the biggest rock and started to comb her beautiful red waves of hair.
If I could ever speak to her...- I thought once-... but the begining of her song paralyzed my full body. The precious voice floated in the breeze and the power of the melody attached me to the wet ground.
Like that I could have spent my nights in solitude, watching her brush her hair, mesmerized by her voice. The song lasted the whole night, her lyrics spoke about a man for whom she had an everlasting love.
I felt all and each single word that came out from these astonishing lips of her, and her singing touched my heart like nothing else has done before.
Over two years stuck in sorrow, I put wax on my ears and with closed eyes I approached the solid and cold sit she always had at night.
I felt her wet skin against mine, I felt her long and curly hair over my back. And back to back we sat in silence.
- I yearn for your song to be made for me, but as I know I'm but a stranger, just let me hear your voice one more time, before I drown myself in the riverbed forever.
I knew her love was impossible to be mine, but it was true I could have never forgotten her even if I'd dedicated my entire life in the praying for it.
Avoiding eye contact, she started her everlasting poem.
"The rivers have taken you away from me, the waters have taken the life inside you, but here in my heart I feel the yours still beating love for me, you'd never leave me, I'd never leave you. I will always be with you.
May the water be different each time I sing, the river flows incessantly, but my love is still the same no matter how many times I sing this to you".
Her song was mine as I also carried the pain of an unforgettable love. Both were impossible stories from different perspectives. I loved her with my whole heart, with my whole soul and my whole life.
My fate was no other than die in the riverbed and bein buried by the stones in the depths.
When her last word was sung I realized that was the last time I heard the everlasting song. After watching her weeping, I jumped from the rocks and fell.
11.10.2014
What's wrong?
11.09.2014
Portales al Cielo
10.22.2014
La guerra II
Vi un brillo en sus ojos claros que jamás podría describir con palabras, me dedicó su mirada más traviesa y un sentimiento de complicidad trepó desde mi estómago a la boca, haciendome sonreír y morderme el labio.
Nos miramos fijamente, sus pupilas me ponían nerviosa, y lo único que deseaba era correr a sus brazos. Aquel hechizo era muy fuerte, me hacía sentir cosas muy profundas, como si hubiese sembrado el caos en mi corazón y me hubiera convertido en su ghoul para siempre. Necesitaba tenerle más cerca.
Y ese día le tuve. Él fue quien me agarró y me dejó reposar la cabeza en su pecho, me abrazó.
En la lejanía nos pareció oír un revuelo de gente, algo que sonó como una serie de gritos descontrolados a los que no prestamos mucha atención. Seguí abrazando su cintura, enterrando la cabeza entre sus brazos. Aquello que sentía hizo que sin darme cuenta comenzase a emitir ráfagas de viento que formaron pequeños remolinos a nuestro alrededor.
Mientras tanto, el barullo parecía cobrar más fuerza, esta vez fueron gritos de guerra. Una fuerte ráfaga de aire levantó el polvo de los alrededores. Se oyeron un par de disparos, y a escasos metros del refugio, gruñó alguna criatura extraña.
- Un dragón. No hagas ruido y ven. -Se escabulló por la puerta trasera del refugio.
Desde la esquina de la casa vimos la particular escena. Un dragón mediano, de unos seis metros de envergadura, sosteniendo un huevo medio roto entre sus manos.
- Parece nervioso, mira cómo mueve la cabeza a los lados y sacude el cuello.
Alcé los brazos y con ligeros toques de aire acaricié su cabeza. La bestia se acercó a nosotros sin ninguna intención de atacarnos.
- Vienen a por mi, guardad esto. -Me entregó el huevo roto. -Tengo que irme, adiós.
Alzó el vuelo rumbo a la aldea, nos quedamos hipnotizados por el azul celeste de sus alas mezclándose con los colores del cielo.
- ¿Qué?
- Ese dragón siempre vuela cerca de la costa, tras las montañas no se le ve, y suele bañarse en alta mar. Más de una vez nos hemos visto creca de las rocas escarpadas. -Hice una pausa al sentir que el huevo se movía.
- Nunca había hablado antes con un dragón. Ni sabía que hablaban nuestro idioma.
- Ni yo.
- Déjame ver el huevo.
- Creo que tiene una cría, toma.
- Oh, joder, sí que pesa.
- ¿Sigue moviéndose?
- Sí. Aunque está muy frío.
- ¿Le damoa calor?
- Ah, ¿pero no es esa su temperatura?i
Y la cola del pequeño salió del huevo.
- Lo único que sé sobre dragones es cómo cazarlos.
- Yo poco más.
El dragoncito era blanco como la cáscara del huevo que sostenía en sus manos. Estábamos tan nerviosos y llenos de dudas que lo único que pudimos hacer fue contemplar cómo saltaba del huevo al suelo. En la caída, se agarró a las piernas del chico, hundiendo sus uñas en los gemelos. Ahogó un grito contra su brazo.
- Está bien, ¿qué hacemos?
- Voy a cogerlo. Que no se vaya. Ve a limpiarte esa herida. -No quería sonar mandona, pero no podía articular bien.
- Sí. -Dudó un momento, y me arrojó una tela que había en el suelo.- Usa eso si lo necesitas. Se fue a por agua.
Perseguir al cachorro no fue tarea fácil, resoplaba y corría dando saltitos por toda la habitación. Tuve que lanzar la tela a la ventana para que se alejase y no saliera fuera. Para el dragón bebé, aquella ridícula persecución parecía un juego. Sus movimientos eran ágiles, yo tiré una silla intentando atraparle. Me golpeé la cabeza contra una esquina cuando me agachaba. Me caí de culo cuando evitaba pisarle la cola. Y se subió en mi regazo de un salto.
10.19.2014
La guerra.
Los rayos de luz se difuminaban a través del polvo del aire, rozando el perfil de su rostro desde la izquierda, de modo que el lado derecho de su cara quedaba sumergido en la sombra.
Su respiración era tranquila, su expresión transmitía toda la paz que faltaba en el resto del continente, aún en guerra contra los dragones.
Ajeno al peligro, descansaba en su refugio de madera situado entre los árboles de una montaña enana. El bosque de esa zona era lo suficientemente denso como para que la luz fuese tenue, pero sin llegar a hundirse en la penumbra.
La ladera donde se encontraba su refugio daba hacia el mar, y si se prestaba atención, podía escucharse el romper de las olas en las rocas escarpadas.
Esa estación del año era la más cálida, por lo que reposaba las preciosas líneas de su cuerpo sin más abrigo que una camiseta de tela gastada.
En el pueblo solían decirle que con esfuerzo podría llegar a ser un gran mago, pero él, más interesado en las armas, había desarrollado una envidiable habilidad con hachas y espadas. Aún así, y aunque por accidente, uno de sus hechizos llegó a mi corazón a través de su mirada.
En uno de mis paseos por las rocas escarpadas descubrí aquella pequeña estructura de madera entre los árboles. De no ser por el vuelo fortuíto de un ave rapaz que pasó delante del refugio, quizá nunca me habría percatado de su existencia.
Cuando me acerqué, le vi allí tendido, tranquilo a pesar de mi presencia.
Nos conocíamos de mucho tiempo atrás. Desde entonces, las líneas difusas en sus manos se habían convertido en surcos en la piel que dibujaban las líneas de sus huesos.
- Estaría bien que explicaras algo.-Se limitó a decir desde su posición.
- Desde que aprendí a dominar el aire y el agua, he venido a practicar movimientos todos los días a la orilla. Hoy, sin embargo, encontré este lugar mientras daba caza a un halcón. No quiero molestar...
Mis explicaciones me hacían parecer estúpida cuando las repetía dentro de mi cabeza. No estaba segura de querer estar allí, pero él se echó a un lado haciéndome el gesto de darme asiento a su lado.
- Enséñame como lo haces -me dijo mirando las yemas de sus dedos- siempre te he visto desde aquí moviendo las olas.
- Oh, ¿de verdad? -Me sorprendí al saber que todo este tiempo había sido observada.
Alcé mis dedos y acaricié el aire que rodeaba su camiseta. Con el gesto de pellizcar el aire, tomé algo de energía, y con la yema del dedo índice lancé una pequeña ráfaga al interior de su ropa, haciendo que se inflase. En el movimiento, dio un respingo que no pudo evitar contener.
10.15.2014
Entre infinitos mundos
10.01.2014
Mirarle a los ojos quizá me convirtiese en cuarzo, quizá aquello que le conté pudo haber provocado una respuesta que me hubiera congelado en el momento. Quizá entonces no habría huido, sino haber intentado hundirme en el agua profunda y congelada.
Sin embargo, lo que de verdad pasó no es algo que pueda contarse con palabras o ilustrarse con dibujos. Lo que ocurrió después de que mirase dentro de sus ojos, simplemente fue lo mejor que ha podido ocurrirme en estos no sé cuántos años. Simplemente no puedo opinar, supongo que hice un milagro al abrir la boca y, de una vez por todas, decirle que no podré olvidar.