9.09.2011

Entrada moñas-pastelosa para la posterioridad.

La vida no lo sé, pero las emociones son como un péndulo. Pero ahora, el péndulo está parado en la mitad de la infelicidad. ¿Cuando fue que vi los límites? Yo siempre creí que no había otro que el horizonte. Busco exprimir risas de mí, pero sólo saqué una gotita de crueldad. Estoy parada justo delante de un gran abismo de confusión, en el que veo nubes. Pero ¿es una caída de ida y vuelta al cielo? ¿O es sólo una caída? He hablado muchas veces sobre lo que yo pensaba del amor, que si instintos animales y otras cosas. Lo único cierto es, por muy moñas que suene oirlo en mí, que es único. Por ahí escuché que sólo había una vez, con suerte, en la que te enamorabas. En mi caso, y parándome a buscar detalles, es casi cierto. Porque yo creo que en el amor hay un matiz de odio, miedo. 

-

Y ahora leo todas esas cosas, y las pienso. ¿Qué cosas? Pues las pasteladas esas de "Odio cuando tarda en hablarme... Esque hoy no me dijo que me quería". Pues sí, sí. Ahora las comprendo. ¿Conformes? Me voy a dejar que me tiren los mismos dardos que he tirado yo, en el fondo quiero que sea así. Pero joder, que mi conciencia nunca ha dependido de nadie (ni depende, que leñes). Y estoy viendo mi fama de pseudo-puta (pseudo porque sólo habré echado cuatro polvos en mi vida, el 1º de diez minutos, el segundo de quince, el tercero casi no llegó a polvo y el cuarto de una hora y pico). Y de cabrona, de aburrida. Que realmente a mí me da igual lo que piensen de mí, eso no supone límites. Pero cuando quiero a alguien, y veo que pueden hablarle...-"Sí, pues tu novia es una borde...". Hay que fastidiarse. 
Que siempre que hago algo con la cabeza, puedo sentirme orgullosa. Pero cuando no... Sólo siento inseguridades y miedo a estropearlo todo. Será porque en el fondo soy una niña buena de verdad. (Pero que conste que en el fondo no solo hay plaza para un solo papel :P). Y para una vez que alguien acaricia mi schwarze herz...

- Que no, Mar, que no te contradigas. ¡Blanditaaaa!
- Déjame, tía, que estoy mal.
- ¿Por qué? ¿Porque tu novio no te hace mucho caso? ¿Porque no te dice que te quiere siempre?
- Sí, hum, bueno...
- Esque tú eres la primera que odia las cosas pastelosas. Que por un día no se cae el cielo...
- ...O sí.
- Vamos, no me jodas, Mar. Que sólo llevas un día sin verlo.
- Lo sé. Y esta mañana no quería verlo, lo llevo viendo muchos días seguidos.
- Claro y ahora tienes mono XD No te jode.
- Que te deeeeeeeeeeen...

PD: En fin, hagan sus chistes y ríanse, la venganza se sirve en plato frío.

9.07.2011

Cosas que...

...me dejé en el tintero a la hora de escribir la entrada de abajo:

Y con respecto a la entrada que acabo de escribir. Ahora leyendola, me veo con el agua al cuello. Y es un atropeyo tantos coches y tanto cambio de camino, tanto recálculo de ruta, como dice el gps de mi padre.Aunque para cálculos, las piedrecitas estas que salen en el riñón. ¿Se llamaban así? A mí me están saliendo en el alma.

De las ganas de llorar por algo que sé mas que de sobra que voy a perder, y lo acepto. Pero no es como la muerte, que ya ni es para mí ni para quien se muere, ya la propiedad es de la Tierra. No, no. Es porque lo que temo perder no es siquiera mío, es del viento. Y ya se va con el viento cuando quiere, me cansan las palabras que hacia mí se vuelven como puntas de flecha.

¿Quien fue el que me lo dijo? El individuo que más molestia se toma por deshilachar cada renglón que escribo, supongo. Que hay cierto matiz de miedo, o de melancolía, cuando te lo pasas bien sólo en ese momento irrepetible. 

Quiero protagonismo en cual mundo habito.

Perdida en un mundo donde la soledad desgasta gota a gota el ánimo de cada miembro que allí habita. A la mente se me viene una carretera en la noche, luces de coches y semáforos. Esos momentos en los que decides dejar de fijarte en la carretera, y te pones a mirar. Cuantas luces, y que bonitas. ¿Qué me estoy dejando por el camino? Siento como si olvidase parte de mí en cada experiencia que voy viviendo. Los colores de las bolitas de luz en la carretera son maravillosos, increíbles. La inspiración entra por los ojos y rápidamente es asimilada por la mente, y hay algo en tu cabeza que se enciende junto a las luces. 

Pero en esta carretera, he visto que todos los coches que hay solo van en dos sentidos, en dos direcciones. Es un poco blanco-negro, pero a la vez es tan ordenado. Y la carretera, la larga hilera de coches negros, blancos, verdes, grises, dorados. Parecen papeles de bombones. Y bien, me recuerda a nuestras vidas. Porque cada persona tiene un envoltorio, un físico igual pero diferente. Y luego está el bombón dentro, que algunas veces es de café amargo y otras veces es un chocolate adictivo. No quiero una carretera en la que ir conduciendo mi camino, porque sé que más de una vez no voy a querer aguantar el atasco, saldré del coche, pisaré el asfalto y caminaré hacia otro lado. Más que un coche, un barco, porque es más natural, es el mar. Es el mar, ayer salí a correr y decidí darme un garbeo por la orilla. Cuando pisé la arena blanca, vino un olor a colilla de la tierra. ¿Esto es lo que el Hombre quiere al mundo? ¿Esto es muestra de agradecimiento, a la Tierra que te dio la vida? No respeto a nadie, no quiero a nadie, ni pienso mostrarme a nadie que no esté con la mirada fija y atenta en la carretera, estancado en el "¿Qué dirán?".

De noche, las olas me hablaban en su idioma y la lengua del mar besaba mis pies. Me recibía, el mar siempre ha recibido a mi alma. Y cuando no tengo nada que decir, en ella encuentro palabras. El mar está frío, se mantiene a lo largo de los años y sólo se corrompe por la acción del hombre. El mar, o la mar para quien lo prefiera. Transparente, sincera. El mar me llama y es cuando acudo a él, cuando me abraza la cintura mi interior se alegra y ríe como una niña pequeña y feliz. Cuando he estado mucho tiempo buceando, viendo los secretos tan bien guardados, me siento realizada. Y cuando simplemente veo el mar en el horizonte, me siento pequeña e incomprendida, sola y acompañada por mi grandeza.

PD: ¿Es por la foto? Es sentirse como una pobre loca cuando muy poquitos comparten tu opinión, pero ¿feliz? Feliz siempre.

9.05.2011

Untitled.

El escalador de líneas se ha caído entre los renglones de una frase, el espacio vacío entre las palabras es el que mejor define al texto. El escalador es muy pequeño, diminuto como un punto. Pero su comprensión es tan grande como la inmensidad de páginas por las que se ha perdido. Encontró laberintos y nudos que se enredaban, y ataban sus brazos a la angustia. Mientras el escalador leía, las palabras devoraban su corazón de papel. La tinta era su sangre, los borrones su desamparo. Busca la verdad en cada hilera de sílabas, busca la tranquilidad y el sosiego bajo la sombra de un espacio en blanco.

El escalador sonríe cuando empieza una montaña, y llora cuando la corona con su bandera, en el final. El escalador anhela un nuevo Everest, lleno de tensión y dolor, lleno de sorpresas. Pero todo está firmemente escrito. No quedan montañas que el hombre no haya nombrado, no quedan ilusiones en el tintero. No queda esperanza bajo la piel del escalador, la fe está más que extinta en el aire de sus pulmones. Pero el escalador se acuerda de sus primeras colinas, por las que subió sin miedo y con ayuda de un guía. El escalador revive cada libro en su cabeza, cada imagen en su mente, cada palabra en su corazón. Entre líneas cae el hombre, intentando comprender una última gran montaña. Pero el escalador está cansado y no tiene fe. Esa última montaña es más grande que las demás, hay prácticamente una igual para cada cultura. El escalador siente unas frías hojas escritas, los renglones más antiguos y más torcidos de todos, son los que construyen esta montaña. Pero la montaña Última no ha sido nunca coronada por nadie, y el escalador sabe, que será la montaña de la incomprensión y de la duda. Aún así la escala, y se da cuenta, de que no se equivoca. 

El viejo Sol.


- Sinceramente, Dios, yo no te quiero. Eres el padre con el que no hablo, me pongo cerda sabiendo que "en el cielo" hay alguien que me observa. No he ofrecido nada ante tu altar, mi virginidad se la dediqué al diablo.
Y hoy te quiero contar que la vida se me queda corta, que soy feliz desde que perdí la fe. ¿Por qué? ¿No se supone que Dios ama a sus hijos? Yo soy tu puta bastarda. ¿En qué piensas? Quiere a los que te quieran, que de mí sé cuidar sola.

-

Cuando me vestí de niebla espesa, el traje pesaba sobre mis hombros. La humedad tocaba hondo mis huesos y los lamía como un perro. El sol no calentaba ya, estaba frío. Se cubría en un cielo canoso, el suspiro del viejo cielo era gélido y débil.
El niño nació sobre la playa de arena blanca, el mar corinto lloró sobre su cuerpo. El anciano sol con sus temblorosas manos le dibujó un ombligo en la barriga, con cuidado posó sus dedos en la frente de la criatura. La piel, aún con restos de su madre, se mantenía cálida bajo el anciano sol. Pero el cielo se cubrió de luto, y una espada curva congeló el cuello del viejo con su hoja.
En el silencio de la noche, el niño desnudo extendió sus tiernos bracitos a una madre blanca. El niño juega con su pecho, se ríe y llora. El niño no sabe hablar, no sabe cantar, no sabe amar, no sabe abrazar. Tiene hambre. Pero sabe que el sol viejo duerme, así que cierra los ojos junto al mar corinto. Entierra sus manitas en la arena, escucha el lenguaje de las olas sin entender palabra alguna. Se rinde al frío y muere esperando a su viejo y tibio sol. 

Mundo de ébano (||)

El rastro de las hojas que viajan en el viento, ahora reposa sobre el suelo liso del bosque. La brisa se detiene. Al avanzar, no levanta polvo. El cielo que me vio nacer es pequeño a su lado. El astro que un día hizo el favor de iluminar mi inocente vida ahora tiene el honor de aprender de su luz. Ante esta pobre loca está el dios de aquel mundo de ébano.
Por un momento olvidé mi imperio, mi reinado, mi atmósfera colmada de placer y dolor. Abandonada por mi ego, perdida en el corazón del bosque de ébano, tirada delante del palacio de un dios, me sentí como la principal ofrenda de un sacrificio. Y aquí estoy, vulnerable y frágil, ante la mirada de un dios.

El hombre pasó con cautela por mi izquierda. Yo miré a la derecha. Entonces él me miró a mí. Yo fui a mirarlo pero ya no miraba. Es como si evitásemos cruzar una palabra. Y mi orgullo intentó levantarme del suelo, pero sólo pude ponerme de rodillas. El dios me miró por fin a los ojos, su juicio fue el de un niño.
- No eres de aquí, ¿qué buscas?
- No buscaba nada, señor. En realidad me dedico a ir encontrando, guardando y tirando.
- Eres una caza-recompensas o algo así, supongo.
- En realidad yo...
- Pues entonces largo.- No me dejó terminar la frase.- Aquí no hay nada de valor.
- Sí que lo hay. Cada ébano joven vale una fortuna en un mundo que conozco, su propia corona de ébano y esmeraldas podría comprar toda una legión de soldados.
- No necesito ni la fortuna ni la legión, no me interesa vender nada.
- De hecho no me ha dejado terminar. No soy una cazatesoros ni nada por el estilo, sino- el dios hizo un esfuerzo por no interumpir.- que guardo recuerdos y experiencias. La mejor riqueza es morir sabiendo que he exprimido todo lo que podía conocer. Sin embargo, la muerte es impredecible y además limita el tiempo que tengo en la vida para conocer todo...
Pero al Dios de ébano parecía aburrirle el anhelo que yo tengo por aprender de la vida. No sé de qué podría yo servirle, ni hablarle. En qué estaría pensando el pobre hombre mientras yo hablaba. Pero cuando me callé, me dí cuenta de que escuchaba. En un momento, se oscureció el bosque. Se oyeron truenos y se vieron relámpagos. Era el turno de la lluvia para dar vida al bosque. Las gotas fueron cogiendo fuerza, y me quedé mirando al cielo como el que nunca ha visto llover. Una mano me arrancó del suelo y me obligó a correr por el bosque hacia el palacio. El dios encendió una luz amarilla que parpadeaba y era tenue, una vez dentro. Se oía la lluvia salpicar las esmeraldas de las ventanas.

Mi pelo estaba empapado, y yo estornudé humo negro. La reacción del dios fue asustarse. Yo había cogido un poco de frío y el pobre hombre pensó que me había entrado algo malo. Entonces quiso que me quitara la ropa, y yo habría accedido con mucho gusto si no me hubiera abandonado mi ego. Así que él me trajo una manta gris y me la dio.
- Perdona que le cause molestias...- Me disculpé por una vez en la vida.
- No es nada, pero ¿estás bien? Lo digo por el humo negro.
- Ah, no es nada. Soy la Diosa del mundo de los diamantes oscuros. De vez en cuando me pasa eso...

Miré al que realmente había cogido frío. Estaba al lado mía en el sofá, seguimos hablando un poco más. Recuerdo que vino un trueno, luego se oyó... Se fue la luz tenue, y nos quedamos a oscuras. El dios me pasó un brazo por encima, yo puse la cabeza en su regazo y nos quedamos dormidos bajo la manta gris, escuchando la lluvia fuera y el silbido del viento entre los árboles. 

9.01.2011

Para mí cuando lo necesite.

Mar, te estoy escribiendo esto por algo. Probablemente cuando un día esté lluvioso, no va a dejar de llover para siempre. Saldrá el sol, pero otro día puede incluso que haya tormenta. Yo te conozco, y sé que las cosas las haces por un motivo, aunque para los demás no tenga ni pies ni cabeza. Está bien si te funciona, pero últimamente no estás resolviendo tus problemas, sólo actúas y te dejas llevar por lo que el deseo te hace sentir. Piensa que todo problema tiene un origen, un causante, algo que hace que se ponga en marcha, una dificultad para superar... No todos los problemas son iguales, pero tú siempre has sabido darle forma hasta llegar a la solución. Por eso te pido que hagas funcionar un poco más a tu cabeza, te des cuenta de lo que ahora te pasa y así puedas solucionarlo, planteándote más de una solución posible y que, por supuesto, tengas en cuenta las consecuencias de tus actos.