7.12.2012

El amanecer se giró sobre sí mismo, buscando al sol entre las olas. Yo aún dormía, para variar, perdiéndome el paisaje. Que cierto es aquello de que no se aprecia lo que se tiene hasta que se pierde. Con lo bonito que es ver el amanecer en Cádiz, no he madrugado ni un sólo día para verlo. Seguro que si viviese lejos del mar ansiaría esa visión con toda mi fuerza. Pero, para variar, la pereza me puede.

Así es, una vida formada por las notas de un piano y las gotas de lluvia repicando en los cristales de una parada de autobús. El cielo en su inmensidad no tiene a nadie más grandioso que él, nada es más bello que él, y ciego ante la luz del sol, no es consciente de la cantidad de aclamaciones y referencias que recibe. ¿Quién, acaso, no se ha dirigido a él en algún momento? ¿Cuántas nubes se habrán formado por los suspiros de los soñadores? El cielo es una inmensa historia de miradas, lágrimas, risas... Siempre podemos verle, y mientras lo miramos, perdernos en su inmensidad y transformarnos en una nube que viaje y se deje llevar por la brisa hacia ninguna parte.
Es cierto, cuanto más nos dejamos llevar por la corriente, dejamos que los acontecimientos fluyan sobre nosotros empapándonos de vida, sin forzarlos. Cuanto más nos dejamos llevar por la brisa, más nos damos cuenta de que sí tenemos un destino: la felicidad.

En ese silencio donde ambos nos entendemos, nos comprendemos... Las miradas hablan e incluso cerrando los ojos, ambos miramos de frente a la felicidad. Cuando duermo contigo se me dibuja una sonrisa tranquila en la cara.

7.02.2012

Romance Oubliée

Es como si se hubiese muerto un pedacito de mí cada vez que me acuerdo. Aquellas personas tan importantes para mí en su día, fueron desapareciendo pero las huellas de los buenos recuerdos siguen firmes, porque toda mi vida se compone de pequeñas historias.

Es como un romancero olvidado en un banco oxidado, en el que se sentaron una vez varios amigos para charlar, y uno de ellos clavó una hoja de doble filo en mi memoria. Confiar en los demás, ya entonces me costaba como para que me traicionasen. Me cerré y me volqué sobre mí misma, es la consecuencia más lógica y sensata cuando las personas a las que quieres te hacen daño. Sé que todo cambio fue para bien desde el primer momento en que me separé, pero la melancolía siempre está en el aire y, como un virus, de vez en cuando accede a mi corazón.

Sinceramente, me siento como una niña. Soy buena, en el fondo, no me gusta reconocerlo delante del mundo pero es cierto. Perdoné lo imperdonable, incluso olvidé los malos recuerdos y los camuflé en medio de la confusión difusa de un mal sueño. Sin embargo, me quedé con aquellas gracias absurdas y sin sentido. Conversaciones y reflexiones a una temprana edad, y eso que no soy precisamente mayor. Pero guardo tanto cariño a mi pasado, a mi manera de ser... Mi persona crece y madura, los recuerdos que tengo sobre mí, simplemente los veo como si fuese mi propia hermana pequeña. Siempre me quise a mí misma, especialmente cuando tan solo era una niña. Todos aquellos recuerdos son felices porque ella misma, en su inocencia, quiso verlos así, a pesar de algunos malos tratos, caos y recuerdos más oscuros, difuminados y encerrados para que no vuelvan a salir nunca más. 
Me tengo mucho cariño desde pequeña, porque sin ser del todo consciente, ya tenía una memoria bastante selectiva como para decidir qué era bueno recordar y qué era malo. Evidentemente los niños son así, perdonan y olvidan. Sin embargo, no me he hecho mucho más mayor en el fondo, sigo perdonando y olvidando a las personas malas. Lo único que perdí fue la confianza, suficiente para no volver a cometer los mismos errores una y otra vez.

Pero es eso, me siento melancólica. Hace tiempo que dejé de sentirme parte de un pequeño grupo sólido y firme, muchas veces veo mi vida tambalearse entre las manos de las diferentes personas que deciden quererla. Una cosa es segura, unos padres siempre serán algo suficientemente sólido como para apoyarse y protegerse. Sin embargo, es ley natural, esos sentimientos se pierden y los niños crecen. Los deseos de esos niños empiezan a encontrarse fuera de su casa, en los corazones de otras personas. Y esos corazones no se sostienen tan firmes como los de nuestros padres. Quizá no nos protejan tanto como deseamos, quizá no den todo lo que esperamos que den por nosotros. Son otro tipo de corazones, y aunque sean más frágiles, los hemos elegido nosotros-ya decía yo que a los amigos se les elige, a la familia no- pero ésa es la diferencia. Los elegimos, pero ellos mismos (los amigos) son los que eligen también si quedarse o no.

Sin embargo, el hecho de que ellos puedan elegir caminos diferentes a los nuestros no niega la posibilidad de seguirles queriendo incondicionalmente, aunque sea tan sólo por las pequeñas huellas que dejaron en nuestro corazón. Y es cuando, a pesar de la traición, se les perdona. Toda historia humana es posible gracias a otras historias. Esto, dicho así, me convierte en una especie de filántropo, es cierto que amo la vida por encima de toda cualquier otra cosa. Pero amo aquella vida que llena a la mía propia. Mi vida no tendría ningún valor si no se compusiese de otras vidas, otras historias. 

6.29.2012

Me encanta cuando se pone serio con alguna tontería que le digo, me empiezo a reír y él acaba riéndose más que yo. Simplemente me encanta cuando se ríe, es super lindo, me hace feliz el simple hecho de ver que él es feliz. 
Adoro esas caritas que me pone para que me quede con él y no me vaya, me gusta que se ría de mí porque siempre es con cariño. Me encanta que apoye su cabecita en mis piernas y me deje que le acaricie los ricitos. Si se le ocurre abrazarme por detrás, y decirme todo lo que me quiere...
Hay muchas cosas que me hacen querer seguir con él, cosas que hace por verme feliz, cuando se apaga si no me ve feliz, cuando simplemente me mira con ese brillito en los ojos... Le amo.
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6.28.2012

Let her fly

Hace ya unos años, cuando era más pequeña, me gustaba jugar a asustarme con el mundo de mi imaginación. A menudo abría la puerta que me unía a ese mundo, y como un astronauta, me dejaba llevar en el vacío de mi imaginación, vacío que se iba llenando de cosas extrañas, curiosidades y deseos. Supe entonces que en mi cabeza había un cosmos lleno de monstruos con escamas brillantes, estrellas relucientes y una ingrávida realidad paralela. En aquella dimensión extraña, podía perderme y divertirme, me podía incluso alejar de mí misma físicamente, dejaba mi cuerpo en el suelo para que pensasen que yo seguía allí. Pero yo en realidad estuve volando todo el tiempo.

Volando, volando, siempre arriba, como en la canción de Dragon Ball, solo que yo no buscaba islas ni tesoros ni bolas de dragón, yo había encontrado en mi imaginación todo lo que se me había perdido, e incluso más. Había encontrado un algo que me ayudaba a desaparecer mientras me hacían daño. Pero me he parado hoy a pensarlo y, me doy cuenta de que realmente no sé qué fue de mi vida cuando era pequeña. Recuerdo las cosas malas que hacían querer volver a mi imaginación, y ya me gustó tanto flotar en la ingrávida cortina de sueños, que apenas bajaba para hablar o hacer cualquier cosa. Siempre imaginé realidades paralelas a la mía, porque en la que yo estaba presente no me hacían caso, o simplemente era demasiado descolorida.

Me gusta aquella manera de ver el mundo. Dentro de mi mente había más mundo que fuera de ella, mientras el mundo físico iba a ser siempre el mismo, mi imaginación y mi personalidad iba cambiando, formándose, siempre había algo nuevo, algo con lo que distraerme. Soñando despierta en todo momento, me he encontrado con mis miedos, mis debilidades, mis virtudes y mis defectos. Me he dado cuenta de muchas cosas que, si no hubiese estado reflexionando sobre ellas durante días y noches en mi paraíso mental, jamás habría dado noticia. A través de mi imaginación y sobre todo, mi curiosidad, conozco muchas cosas que otras personas ignoran por completo. 

Y ahora tengo ganas de, aunque sea por un momento, volver a imaginar aquel pequeño revuelto de caos que tenía en la cabeza cuando era pequeña. No reflexionaba, solo imaginaba cosas, situaciones, sabores, colores, hablaba conmigo misma y con los demás aunque realmente no ocurriese. Me pregunto si soy la única que ha imaginado estar teniendo una conversación con alguien, poder saborear las posibilidades que hay de que una persona te diga una cosa o te sorprenda con otra. 

6.16.2012

Sieg Heil

La experiencia es algo que se va adquiriendo con el tiempo. Es fácil reconocer quién tiene experiencia y diferenciar la habilidad adquirida de una habilidad natural. Hay personas, como yo, como mis amigos, que saben escuchar y comprender a los demás. 
Y es algo que me fascina, la conducta humana. La enorme cantidad de opciones que el ser humano tiene a la hora de escoger entre comportarse de una manera o escoger otra. Sin embargo, me sorprende que la mayoría tienda a escoger siempre el mismo tipo de opciones. Lo lógico sería ir probando, jugando con las opciones que nos dan, con el fin de llegar a nuestros objetivos. ¡Pero hay gente que se contradice! Que decide actuar de una manera cuando piensan de otra.

Esto me lleva a que también hay diferentes maneras de tratar a las personas que te rodean. Yo escogí dar mi vida a los que consiguiesen llenarla, y así lo hago. Hay otras personas que sólo piensan en su bien propio, y las consecuencias ni siquiera las valoran. Hay, en definitiva, muchas clases de personas. La vida es un juego, y todas las opciones son buenas para algunas cosas, y perjudican otras. 
Mi vida, por ejemplo, es buena en el sentido en que yo me siento bien con lo que hago, y quien me comprende se divierte. Es mala en el sentido de que soy muy diferente a todos (por ello odio con toda mi alma que me digan "él/ella es como tú). Mientras que los demás parecen preocuparse ficticiamente por una sociedad -en el fondo son todos unos egoístas, entre las que me incluyo- yo simplemente le doy la espalda a todo aquello que no me interesa. ¿Me importa lo que piensen de mí? La respuesta es más que obvia.

Otra cosa de la que llevo tiempo queriendo escribir es sobre las ofensas. ¡Qué coño! La vida, entre otras muchas cosas, es un constante "alguien me ofende (queriendo o sin querer) y yo ofendo a alguien (queriendo o sin querer). No creo que sea correcto molestarse por cosas que uno mismo se ha ido buscando, teniendo en cuenta que no vivimos solos y siempre va a haber alguien más perjudicado que otro con las actitudes que tomamos. 
Aunque cuando hablamos de orgullo, el tema cambia de color. Hay personas que tienen su orgullo extendido más allá de las fronteras. Cada cual tiene su tipo de orgullo, ahí no me meto. En cuanto al mío, es algo peculiar, en el sentido de que está ahí de barrera entre mi físico y mis pensamientos. Me agarro a la idea de que el físico, al fin y al cabo, está para llevarte a alcanzar las cosas que mentalmente no puedes conseguir. Sin embargo, me odio profundamente "in the way I'm made". No me gusta mi físico y ahí es donde entra mi orgullo (el cual siempre va a tender a protegerlo por encima de lo que yo piense de él). En el momento que a alguien se le ocurre herirlo, vamos mal. El ataque que puedo lanzar puede variar entre la mordida de un pequeño lagarto hasta la mordida de un tiburón. (Aunque ataques graves sólo se han dado cuando mi autocontrol se estaba tomando un descanso y dio la casualidad de que alguien me calentó las narices en ese preciso instante- pocas veces, muy pocas-).


En conclusión a todo esto, sigo propagando mi mensaje hippie de "paz y amor", que no hay nada que me agrade más que una sociedad donde todos se comprenden y se toleran mutuamente.Dejando esta utopía, sólo me queda decir que estoy muy contenta con las personas que han elegido rodearme y ayudarme a crecer como persona. Realmente los quiero.

PD: El título, evidentemente, no viene para nada a cuento. ¡Que el Reich os acompañe!

6.04.2012

How glad I am with you. Despite all the stupid things we've done, we keep together and due to this I'm pretty sure our love is growning more and more. All your body and your face are my treasure, I'm so yours.
Days such as today can make me happy all my life.

5.31.2012

Alter ego

Me dijeron que no abriese aquella puerta. La curiosidad se me clavaba en las entrañas. Abrí la puerta y la niebla me rodeó, creando cuatro paredes de un muro blanco.
De repente mi sangre brotó de las venas, chorros a presión, manchando la niebla y tiñéndola de rojo. Caí de espaldas, se cerró la puerta detrás de mí. Olvidé mi nombre, el de mis padres.

Detrás de la puerta había un espejo, en él, mi reflejo impregnaba el aliento tras el cristal, observando mi cuerpo mutilado y la sangre flotando, mezclada con el humo blanco.

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Todos tenemos un alter ego, una bestia oculta en nuestro corazón, que explota en algunos momentos. Esta bestia se forma a partir de las circunstancias que nos han ido creando como personas, parte de la bestia es herencia de las bestias de nuestros antepasados. Hace poco mi bestia quiso derramar sangre de otras personas, devorar corazones. 
Comienza un proceso de invocación a la bestia interior:
Primero, despiertan en mí todas mis ideas de misántropo.
Detestando la raza humana y la sociedad, estoy preparada para el siguiente paso, el de la sangre. Todas las malas ideas se aglutinan en el cerebro, se crea una energía que hace estallar el corazón. Energía del Caos, que busca romper y destrozar todo a su paso. Se unen las ganas de matar con las ideas de cómo llevar a cabo la muerte.
Finalmente queda un último rasgo, una pregunta que me hago a mi misma, en cuestión de nanosegundos. ¿Me debería controlar? Entonces me apago con solo pulsar mentalmente un botón. El ser humano tiene la capacidad de autocontrol, esa capacidad que nos previene de llevar a cabo la mayor atrocidad ideada por nuestras mentes.
Relajada, suspiro.
La primera vez que mi alter ego explotó, fue como una vacuna contra las demás posibles veces. Me redimo y me controlo, mis gritos sólo son del folio, como decidí aquella vez que exploté.